Imaginario, pregnancia, consistencia

Screenshot

Claudia González

“Y este cuerpo tiene un poder tan cautivante que
hasta cierto punto habría que envidiar a los ciegos”.1

 

En lo que Lacan llamó sus “antecedentes” atribuyó un lugar fundamental, el de la causalidad, al registro imaginario. En El estadio del espejo plantea que la imagen del otro es condición sine qua non para que el sujeto se cree una imagen de sí. Esa imagen otra se torna central en Lacan para la concepción de la propia imagen y para la constitución del yo. Es un goce, el de la imagen del cuerpo, que desde el inicio está vinculada fundamentalmente para Lacan con el narcisismo, un goce definido como imaginario. Es de aquí, de El estadio del espejo, que Lacan elabora su teoría del narcisismo y que seguirá desarrollándola hasta el final de su enseñanza.

A partir de Función y campo de la palabra y del lenguaje la primacía corresponderá a lo simbólico. Sin embargo, esto no modifica sustancialmente la concepción de la relación del sujeto con su cuerpo imagen, que sigue siendo imaginaria y esencialmente narcisista, por tanto, marcada por una función de desconocimiento de la castración y de la división subjetiva.

De aquí que el sujeto pueda amar su cuerpo, que quede cautivado por ciertas imágenes (ya que ahí hay algo a resolver), que lo haga mirar, que mantenga y cuide su cuerpo, que lo vista, que lo modele o remodele, que lo adorne, que crea que “es él o ella”, que se apegue a la imagen de su cuerpo. Se trata de un tratamiento del cuerpo-imagen que intenta hacer algo con lo que no la tiene, fundamentalmente para velarlo, y que podemos leer en la inclusión de a dentro del paréntesis de i(a). Pero también hemos de mencionar que hay casos en los que esto no existe, que no hay una imagen del cuerpo, que esta es muy frágil y que el trabajo consiste en acompañar al sujeto a construir algo de eso. Por otra parte, esto se abre a la consideración de una clínica en la que la constitución del yo a partir de la imagen del cuerpo fracasa o en la que se constatan otras formas de no resolución del estadio del espejo.

Daremos un salto muy grande2 para decir que una de las vías de Lacan en su última enseñanza para asir algo de lo real es vía lo imaginario, pero no del imaginario de lo especular. Él aborda este tema complejo volviendo a su “primer amor”3: El estadio del espejo, pero de una manera completamente novedosa.

Se trata de un imaginario nuevo que, vinculado también al cuerpo, “muestra su homogeneidad con lo real”.4 Este recurso pone de relieve “otro cuerpo”, si lo podemos decir así, que el de la imagen. Se trataría, por tanto, de darle otra acepción a la noción de cuerpo que la de su vínculo con la imagen para aprehender algo de lo real que afecta el cuerpo y que no pasa por el sentido (como podríamos decir del sentido gozado y del nombre). Con respecto a la imagen y la forma del cuerpo, se manifiesta más bien por su perturbación, sus alteraciones, sus modificaciones, sus usos complejos.

El acento no lo ponemos entonces en lo imaginario del cuerpo sino en su real. En ese punto nos guiamos por el afecto ligado a la emergencia de lo real en la dimensión de lo imaginario, que tiene como efecto introducir una división fundamental entre el yo y la imagen del cuerpo. He ahí que el yo no es idéntico a ella porque está perturbado por esa división. Es lo extraño lo que se pone de relieve.5

Partimos, para este nuevo imaginario, de un cuerpo que se goza, de un cuerpo que, por el hecho de que se goza, se hace extraño para el parlêtre, que debe hacer algo para tratar esa extrañeza operando sobre su cuerpo, en todos los registros. El nuevo imaginario implica captar algo de lo real no subordinado a lo simbólico para captar mejor ese otro cuerpo que se goza, ese goce que no es imagen y no es significante.

¿Qué hay, hoy, de nuevo en los usos y efectos de lo imaginario? Proponemos pensar de qué manera estas dos dimensiones de lo imaginario están presentes en la clínica de nuestra época. El imaginario del narcisismo, el primero que distinguió Lacan, sigue describiendo toda una serie de fenómenos. Podemos considerarlo un aspecto de lo imaginario. Pero el nuevo imaginario al que nos invita en su última enseñanza permite entender otros fenómenos, otros síntomas, otros usos del cuerpo.

Nos parece que en nuestra época estos dos imaginarios juegan una partida inédita y excesivamente presente que incluye tanto el narcisismo y el goce de la imagen del cuerpo como las formas en que la contemporaneidad trata lo real ¿Cómo ponerlos en relación? Más que relación, nos parece que se trata de una tensión entre ellos.

Lo imaginario del estadio del espejo tiene un doble efecto en el sujeto: por un lado, reconocerse en tanto se cree que es la imagen en el espejo, de donde puede surgir una pasión narcisista y, por otro, fomenta la agresividad tal como la describe Lacan en su escrito “La agresividad en psicoanálisis”, motor de la relación imaginaria con el semejante que se mueve entre el amor y el odio. Esta identificación con la imagen del cuerpo es la que sirve a las modas actuales que giran en torno a la conciencia de sí y al amor al cuerpo y que hacen un uso muy particular de sus cuidados, de sus usos, de su imagen y sus órganos, pero también sirve al racismo y al discurso del amo para fabricar nuevos significantes amo.

Lo que dice Lacan en El Seminario 23 sobre la consistencia del cuerpo es aquí evocador: “El parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad, no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia —consistencia mental, por supuesto […] cosa que resulta antipática a la mentalidad, porque esta cree tener un cuerpo para adorar. Esta es la raíz de lo imaginario […] A esto se reduce […] A falta de la abstracción imaginaria antes mencionada, que se reduce a la consistencia, lo único concreto que conocemos es siempre la adoración sexual […] lo que se adora no tiene ninguna mentalidad”.6 Subrayamos que el parlêtre hace lo que hace con su cuerpo —adorarlo— porque es lo único concreto a lo que puede recurrir, como consistencia, para tratar lo real del goce. Por eso lo manipula de diversas formas, por eso queda cautivado con la imagen de los cuerpos. A lo que atribuye el carácter de mental, consistencia mental, incluso de debilidad mental. Adorar no es amar, adorar tiene que ver con la consistencia, se adora lo que no tiene mentalidad, como destaca Lacan en esta cita.

La adoración de la forma del cuerpo es, para el sujeto que habla, un sueño, el sueño de que tiene consistencia. Sin embargo, el cuerpo siempre se le escapa.7 Y, “decir que la relación con el cuerpo es de adoración no implica nuestro apego a la imagen, sino que implica el goce. La adora­ción fundamental no tiene que ver tanto con las sublimaciones como con la sustancia gozante del cuerpo”.8

Tenemos, así, la tensión cuerpo gozante – cuerpo imagen. En el segundo el sujeto intenta situar el primero. Con el segundo y sus objetos intenta darle forma a lo que no tiene forma, intenta mantener a raya, tratar ese goce que, a pesar de concernir a su cuerpo, sigue siendo tan Otro.

¿Qué hace el sujeto del capitalismo tardío con la consistencia del cuerpo, es decir, con la sustancia gozante? ¿De qué maneras se deja guiar por el real que le concierne? ¿Cómo tratar esto en la clínica del autismo y la psicosis, y qué de esta clínica nos enseña algo de alcance general para el parlêtre?

El cuerpo del que nos ocupamos goza sin hablar, goza fuera de sentido, fuera de la lógica S1-S2 en la que se funda el psicoanálisis. ¿Cómo hacemos, en la clínica, para poner a trabajar al mismo tiempo el eso habla y el eso goza? Tanto por la vertiente de lo imaginario del espejo como por la del nuevo imaginario, esto implica la dirección de la cura en toda la gama de casos en los que se despliega la clínica contemporánea del parlêtre.

gonzalez.claudia@icloud.com

 

Notas:

  1. Lacan, J., El Seminario, libro 23, El sinthome (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2006, p.18.

  2. Remitimos al lector al tema en los seminarios de Lacan 4, 6, 7 y en el escrito Subversión del sujeto.

  3. Miller, J.-A., L’Uno tutto solo. L’orientamento lacaniano. Astrolabio, Roma, 2016, p.200

  4. Lacan, J., El Sinthome, op. cit., p. 19.

  5. Ibid., pp. 48-49.

  6. Ibid., p. 64.

  7. Laurent, É., El reverso de la biopolítica. Grama, Buenos Aires, 2016, p. 18.

  8. Alberti, C., “Curtirse en un nuevo imaginario”, El Psicoanálisis 46, 2025, p. 15.

Compartir este artículo:

Instagram