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XXV Jornadas de la ELP
Cuerpos Adorados

Zaragoza, 14 y 15 de noviembre, 2026

ARGUMENTO

Con estas Jornadas queremos explorar las implicaciones y consecuencias en nuestra clínica, pero también en la época, de los cambios que se han producido en la relación del ser humano con su cuerpo, relación mediante la cual la ética se introduce en la biología1. ¿Qué ha cambiado entre el culto a la imagen del cuerpo y lo que Lacan llamó, en 1975, la relación de adoración con el cuerpo?

Más allá del cuerpo hablado y la imagen del cuerpo

Si la biología no basta para proporcionar un cuerpo al ser humano porque la condición de ser hablante distorsiona radicalmente el programa del instinto, ¿cómo se las arregla, entonces, para llegar a tener uno? Tener un cuerpo propio implica hacer la experiencia de que desobedece. El cuerpo que tiene el ser hablante no se corresponde al organismo que funciona según los algoritmos de la vida.

Freud inventó el psicoanálisis al darse cuenta de que el cuerpo del que hablaban y sufrían sus pacientes, el de los desvanecimientos, el de las parálisis sin lesión neurológica, no era el cuerpo que describe la anatomía. Lacan, por su parte, considera que no conocemos cuál es la función del órgano y, por lo tanto, nos hacemos un lío con ellos, ya que los órganos pueden prestarse a una satisfacción que perturba la función para la que están programados. En nuestra época estamos de lleno concernidos por la clínica de la ansiedad, la de las dificultades para respirar, la de los corazones que se aceleran.

Lo que Lacan describió con el estadio del espejo es que la imagen del cuerpo es cautivante para el humano, pues sostiene la idea de uno mismo como cuerpo y esta imagen de sí mismo es constitutiva del yo. El sujeto de la palabra siempre se ha preocupado por su cuerpo como imagen, porque le permite ser visto y porque la imagen es el vestido del cuerpo. ¿De qué forma es tratado el cuerpo en la actualidad? De los tatuajes a las escarificaciones, pasando por los maquillajes, los piercings, los selfies, las cirugías, las dietas, los gimnasios, se trata de darle consistencia, son formas de hacer con el cuerpo que responden a un rechazo, a una falta de acomodo, a un desajuste entre el cuerpo y su imagen, entre el cuerpo y las palabras, entre el cuerpo y el inconsciente.

La inquietante extrañeza de tener un cuerpo

«Cuerpos adorados» expresa una apariencia y encubre un enigma. Da cuenta de una paradoja: que el brillo de la imagen y la fascinación del cuerpo —que el fenómeno de la virtualidad ha elevado al cenit—, se opaca ante la inquietante extrañeza que supone tener un cuerpo propio, y es precisamente por creer que lo tenemos, por lo que continuamente lo aseguramos para que no se nos escape.

La inquietud del cuerpo infantil queda hoy sometida a clasificaciones diagnósticas y recetas que dificultan que el niño pueda hacerse un cuerpo, alojarlo, cuando el Otro parental rebaja la autoridad a la indicación de «poner límites», o el Otro del cuerpo docente se deprime ante la demanda de «gestionar las aulas», en vez de poner en juego su deseo por la transmisión. Si ya resulta difícil construirse un cuerpo, la infancia, y sobre todo la adolescencia, en la actualidad, nos interrogan sobre la dificultad aún mayor de arreglárselas con el cuerpo del Otro. ¿De qué forma la infancia nos habla con su cuerpo llamando nuestra atención? ¿Cómo el psicoanálisis aborda a un sujeto que no puede o no sabe hacer con el cuerpo? 

El sujeto concernido por la palabra ama su cuerpo, pero más allá de la imagen el cuerpo presenta otra dimensión, una dimensión que no tiene representación, que no se refleja en el espejo, a esta otra dimensión responde el parlêtre, neologismo inventado por Lacan para dar cuenta de una dimensión del sujeto concernido por su goce. El parlêtre, adora su cuerpo porque cree que lo tiene2. El cuerpo como asiento del goce da al parlêtre otra consistencia, cree tenerlo en tanto lo goza, o cree gozarlo, ya que el cuerpo «se goza». El cuerpo manifiesta entonces sus desajustes de otra manera: el ser humano se extraña de su propio cuerpo, le da miedo, le da pasmo, le horroriza, lo rechaza y rechaza el cuerpo del otro.

¿Cómo responde lo imaginario a la condición de parlêtre cuando los espejos tienen filtros, lo simbólico está desvaído y distraído mirando pantallas, copiando frases hechas, lemas, informaciones que desinforman, y lo real emerge y se agita ante el imperativo de goce y la invasión de la inteligencia artificial? ¿Cómo hacer para que lo imaginario se sostenga?

Lacan nos propone iniciarnos en «un nuevo imaginario»3, un anudamiento en el que las tres dimensiones real, simbólico, imaginario, valen igual, en el que no se trata del yo del cuerpo como imagen, sino de la función del ego como «saber hacer» y, donde lo que cuenta, es lo que el sujeto hace y no lo que es.

¿Y los psicoanalistas en estos tiempos cómo hacemos con nuestros analizantes? Reconocemos la diversidad de las formas de hacer con el goce en los sujetos contemporáneos y mantenemos el espíritu del psicoanálisis, que dice que, para ser completamente rigurosos nos hace falta ser un poco extravagantes4.

Lidia Ramírez y Jesús Sebastián, Directores de las Jornadas

 

Notas:

  1. Miller, J.-A., «Biología lacaniana y acontecimiento de cuerpo», Freudiana 28, 2000, pp. 19-47.

  2. Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El Sinthome. Texto establecido por J.-A. Miller. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 64. 

  3. Alberti, C. «Curtirse en un nuevo imaginario», El Psicoanálisis 46, 2025, pp 13-14.

  4. Miller J.-A., «Hacia PIPOL 4», Freudiana 52, 2004, p. 14.

EJES

1. Imaginario, pregnancia, consistencia

La fuerza de la imagen consiste en encarnar aquello que de la lógica subjetiva escapa a la representación en un objeto separado. En su primera enseñanza Lacan subraya la pregnancia de lo imaginario. En su última enseñanza, Lacan recomienda iniciarnos en un nuevo imaginario. Desde esa perspectiva Lacan formula que el parlêtre adora su cuerpo. Adorar no es amar, no se trata del apego del sujeto a la imagen del cuerpo sino de su consistencia. La consistencia principal del parlêtre es el cuerpo.

2. ¿Tenemos un cuerpo?

Lacan afirma que creemos tener un cuerpo, y esa es condición para adorarlo. Y a continuación afirma también que el cuerpo, a cada rato, levanta campamento. En lugar de la forclusión del Nombre del Padre está la fuga de lo imaginario, lo que nos lleva a repensar el psicoanálisis visto ahora desde el punto de vista del esquizofrénico.

3. Acontecimiento

¿Cómo pensar la relación entre la dimensión imaginaria del cuerpo y el goce a partir de la última enseñanza de Lacan?  En su Seminario XXIV Lacan afirma “Lo que el hombre sabe hacer con su imagen … permite imaginar la manera en que se desenvuelve con el síntoma”.

Esta perspectiva quizás nos permita ubicar mejor algunos fenómenos de la época: los ritos del tatuaje, los artificios para hacerse con un cuerpo, los cortes del cuerpo. El papel de la virtualidad y las redes. La extensión de la pornografía. Las patologías de la distorsión, las dismorfofobias, la hipersexualización de la imagen del niño. El papel jugado por otros discursos o nuevas prácticas entre la magia, la religión, las pseudociencias, el BodyArt...

4. Bricolajes

Cuando Lacan afirma que “es muy difícil pensar en los límites de la enfermedad mental”, anticipa el campo de la psicosis desanudada del Otro, en el que la emancipación de lo imaginario deja caer el cuerpo, un cuerpo no marcado por la consistencia, que hace del mismo una vestimenta vacía. Cuando el imaginario se emancipa, el sujeto –bajo transferencia- intenta retener la fuga del imaginario, mediante operaciones, transformaciones, anudamientos, bricolajes, hacer algo con los embrollos del cuerpo.

5. Mentalidad

De la parafrenia a la debilidad mental, Lacan interroga y hace usos diversos del término “mental”. Lacan, al final de la presentación de La señorita Boyer, señala que “es muy difícil pensar en los límites de la enfermedad mental” y diferencia las enfermedades de la mentalidad y las enfermedades serias. Jacques-Alain Miller en “Enseñanzas de la presentación de enfermos” restituye esta diferencia entre las enfermedades de la mentalidad -donde se da una emancipación de lo imaginario- y las enfermedades del Otro. El término de mentalidad, de enfermedades de la mentalidad, ¿nos ayuda a ubicar un campo de la clínica abierto por la última enseñanza de Lacan?

6. Metamorfosis de la pubertad

¿Cómo pensar el lugar de lo imaginario en la relación que el niño, púber, adolescente mantiene con su cuerpo y su imagen desde la perspectiva de la última enseñanza de Lacan, cuando lo imaginario es concebido como una dimensión inicialmente separada de lo real y lo simbólico? Se trata de volver a pensar la articulación entre imagen, semblante, goce del cuerpo y sexuación.

7. Saber hacer

En el seminario XXIV Lacan afirma “Conocer su síntoma quiere decir saber hacer con, saber desembrollarlo, manipularlo. Lo que el hombre sabe hacer con su imagen, corresponde por algún lado a esto, y permite imaginar la manera en la cual se desenvuelve con el síntoma… Saber hacer allí con su síntoma, ése es el fin del análisis.”

Joyce por su parte, no necesitó de un análisis para saber hacer con su sinthome, lo que le permitió a Lacan introducir una nueva orientación en la clínica.

¿Cómo se manifiestan hoy las dificultades del parlêtre cuando se trata de saber hacer con su imagen… desenvolverse con el síntoma? ¿Cómo nos orienta en nuestra práctica esta nueva perspectiva? ¿Y en el final del análisis?

8. Racismo

Freud en su texto de 1921 "Psicología de las masas y análisis del yo" plantea la unificación de la masa por la identificación segregativa con el líder, es decir según el funcionamiento del padre. Lacan en su primera enseñanza apunta al yo como la sede de las pasiones: amor, odio e ignorancia. Será a partir de 1967 cuando Lacan enraíza el racismo al cuerpo. La idolatría del cuerpo tiene consecuencias muy distintas al hedonismo narcisista. Por eso lo que arraiga en el cuerpo, en la fraternidad, es el racismo.

Comisión Epistémica

Andrés Borderías (responsable), Anna Aromí, Carmen Carceller, Angélica Marchesini, Felix Rueda.

CARTEL

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