Metamorfosis de la pubertad
Eugenia Insua
En psicoanálisis nos ocupamos de la salida de la infancia, momento de verdadera metamorfosis del cuerpo y la subjetividad.
Metamorfosis es un término que Freud eligió para nombrar la irrupción de un real; un real al que el sujeto debe responder. Metamorfosis no deja de evocar a Gregorio Samsa, el protagonista de La metamorfosis -la impactante novela de Franz KafKa- que amanece, inexplicablemente convertido en un insecto, con el impresionante sentimiento de extrañeza y ajenidad”.1
La metamorfosis de la pubertad sorprende al sujeto, haciéndolo encontrarse a sí mismo con un cuerpo Otro, tanto a nivel de la imagen, como en una agitación del cuerpo que curiosamente lo empuja al cuerpo del Otro.
El último de los Tres ensayos para una teoría sexual, Freud lo titula de este modo: La metamorfosis de la pubertad. En este ensayo Freud toma en cuenta y Lacan lo destacó, que entre los objetos de deseo es relevante el cuerpo del Otro.
Para la aproximación al cuerpo del Otro es necesario que en este momento el ser hablante construya cómo presentarse. ¿Cómo se apropiará de su cuerpo? ¿Cómo se ubicará en su sexo? ¿Con qué imagen, con qué significantes se presentará? Tener que hacer con el cuerpo, con un cuerpo que se le escapa, no se domina, hacerse cargo de un goce que emerge… Eso pasa por la palabra, aunque a veces en consulta, no digan palabra.
Convocará entonces las marcas, las inscripciones que sobre el propio cuerpo dejó el encuentro con la lengua, los modos de goce y la relación al Otro. El cuerpo puede no encontrar la inscripción, la identidad sexuada, en ese caso la extrañeza es inevitable. Al no poder tratar el real en juego, en ocasiones es el pasaje al acto el que viene a intentar inscribir la ausencia de significantización.
La oferta de un psicoanalista ante quien presenta una perplejidad con su cuerpo puede ser sostener, esperar y ayudar a su invención, que podrá ser un modo de saber hacer que recubra la extrañeza del nuevo cuerpo, y fije una respuesta.
En la actualidad, los momentos de pasaje no están tan claros. La operación de interdicción que organizaba lo social ha declinado, y hay un cierto empuje a gozar de los objetos. También toma protagonismo ese imaginario del universo virtual que amplía el universo de lo posible.
En el Prefacio a El despertar de la primavera, Lacan señala que “el asunto de lo que es para los varones hacer el amor con las chicas, marcando que ellos no pensarían en esto sin el despertar de sus sueños.”2
Hay algo importante que se señala: ¡los sueños! Quizá les darían la ilusión de que la relación sexual existe… pero continúa Lacan: “He indicado el lazo de todo esto con el misterio del lenguaje y con el hecho de que sea por proponer el enigma como se encuentra el sentido del sentido”.3 Proponer el enigma, es una orientación en el abordaje clínico de un psicoanalista.
“Tener un cuerpo es particularmente ansiógeno en la adolescencia. Las transformaciones ligadas a la pubertad implican una verdadera conmoción en la imagen del cuerpo, el cuerpo se sexualiza y eso, se ve.”4
“Y es que el hombre está captado por la imagen de su cuerpo. Este punto explica muchas cosas, y ante todo el privilegio que tiene para él esta imagen.”5
¿Qué consecuencias extraer para la práctica psicoanalítica con los modos actuales de presentación del malestar?
A veces algo fracasa en el pasaje y aparecen fenómenos que no tienen la estructura de un síntoma ni la orientación del fantasma, tal como pasa en algunas soluciones vía la anorexia o en las adicciones. El cuerpo puede hacer de límite a un goce, límite no siempre eficaz y con coste subjetivo.
O fenómenos de angustia que toman el cuerpo en su totalidad, en vez del recorte simbólico de las conversiones histéricas. En esos casos, los cortes en el cuerpo pueden aparecer como forma de dominar la angustia en la falta de un significante, sea o no el significante del Nombre del Padre o una falta de consistencia corporal.
El aislamiento de los cuerpos puede ser algo que se presenta entre los más jóvenes con una renuncia al lazo social, versus conexión, unido a un consumo de objetos tóxicos, tecnológicos u otros.
La indiferencia es también una de las presentaciones, un nada me importa, con ausencia de deseo, sin pregunta, sin enigma y sin implicación.
En los que han crecido con las imágenes de la pornografía desde edades tempranas, ese exceso de imágenes de cuerpos perfectos, de maneras de gozar ilimitadas y sin conflicto, podría generar un efecto de inhibición del deseo, efecto de no estar a la altura.
El cansancio o el agotamiento puede presentarse “donde el cuerpo no responde […] y los imperativos, cada vez más apremiantes, de convertirse uno en su auto-emprendedor: ¡Cuida de tu cuerpo!”6
¿Y frente al desafío trans? “Se nos ordena creer en la palabra del niño trans. […] Sin duda él sabe de lo que sufre, sabe algo. Conviene oír lo más posible su palabra singular, y en todas sus resonancias.”7
En todos los casos, es una orientación oír las resonancias que rompan sentidos cristalizados y/o se posibiliten construcciones lo más subjetivadas posibles. Creer que el ser hablante es transparente a sí mismo sería negar el inconsciente.
Notas:
-
Gregoret, B., “Adolescencia: el cuerpo y su metamorfosis”. Virtualia 35, 2018. ↑
-
Lacan, J., “Prefacio a El despertar de la primavera”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 587. ↑
-
Ibid., p. 588. ↑
-
Bonnaud, H., “El género, eso no existe”. La sexuación en la infancia. Paidós, Buenos Aires, 2022, p. 45. ↑
-
Lacan, J., “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma”, Intervenciones y textos 2. Manantial, Buenos Aires, 1988, p. 188. ↑
-
Laurent, E., “Introducción. Entre vacío e imágenes”, El reverso de la Biopolítica. Grama, París, 2016, p. 11. ↑
-
Miller-Rose, E., “El niño trans y sus enunciados”, La sexuación en la infancia. Paidós, Buenos Aires, 2022, p. 167. ↑
