PRESENTACIÓN DE LAS XXV JORNADAS DE LA ELP
“CUERPOS ADORADOS”
Jesús Sebastián
Cuando el Consejo de nuestra Escuela nos propuso el tema de las próximas Jornadas, en el periodo de elaboración del tema había aparecido ya una referencia, un recuerdo, a las Jornadas de 2011, celebradas también en Zaragoza, sobre el tema Cuerpos escritos, cuerpos hablados. Se nos planteaba de entrada la pregunta acerca de la diferencia, para el psicoanálisis, entre aquellos cuerpos de 2011 y los Cuerpos adorados que tomamos este año como objeto de indagación y de trabajo.
En estas Jornadas de 2026, como en las de 2011, partimos del estatuto del cuerpo en el ser hablante, diferenciado del organismo, cuerpo desnaturalizado, resultado del encuentro con el lenguaje, que se desvía o se rebela del funcionamiento programado para el organismo viviente, al punto de convertirse en enigma para el propio sujeto. Hemos partido de ese desajuste para ubicar en él la subjetividad, el rasgo de humanidad donde localizamos la relación del ser hablante con su cuerpo, ahí donde, como señala Jacques-Alain Miller, la ética se introduce en la biología.1
Hemos tenido en cuenta también la importancia del cuerpo en el psicoanálisis, la importancia que tuvo el encuentro de Freud con aquellos cuerpos sintomáticos, denostados por el discurso médico de la época, en los que él supo leer y descifrar un saber del que eran portadores. Y los pasos enormes que dio Jacques Lacan en su esclarecimiento de la relación del ser hablante con su cuerpo, al elaborar el concepto de parlêtre y plantear la adoración como la modalidad propia de la relación del parlêtre con su cuerpo, poniendo así en primer plano la dimensión del goce que afecta al cuerpo y concierne al sujeto.
La dimensión del cuerpo escrito y hablado sigue vigente quince años después, la clínica de los efectos de afecto en el cuerpo, de las huellas de lalangue, efectos de significado y efectos de goce, a consecuencia de encuentros contingentes con palabras, y también el registro de la letra en su radical disyunción con el significante y con el sentido, sigue siendo asunto de nuestra práctica y nuestra elaboración.
También seguimos atendiendo las consecuencias en las manifestaciones sintomáticas del cuerpo, de la precariedad del orden simbólico y la promoción del goce al cenit de lo social. O las del ideal cientificista de un cuerpo sin falla alguna.
Tenemos algunas orientaciones que no estaban, o no estaban tan claras en 2011. Así, a la hora abordar la unidad que sigue buscando el sujeto, hoy nos orientamos, más allá de la imagen, a partir del modelo de la esfera, teniendo en cuenta que la ilusión que presenta la bolsa se efectúa en detrimento del vacío que subyace a su abultamiento. “Lo sorprendente, señala Lacan en el Seminario 23, es que la forma no revela más que la bolsa, o, si ustedes quieren, la burbuja, ya que es algo que se infla”.2 Y como señala Eric Laurent: “Primero está el saco, y luego viene la forma, que es una hinchazón. Y lo que la forma disimula es que el saco se fundamenta en un agujero”.3
Tenemos también las indicaciones que daba Jacques-Alain Miller en su intervención en el Congreso de la AMP de 2024 “Quatre ponctuations sur la nature et la science”, donde plantea que a propósito de la manipulación que el ser humano ha realizado con la procreación, es decir, con la vida, “A nivel del orden simbólico existe un desorden simbólico”. La paternidad ha pasado de ficción jurídica a dato biológico, y la maternidad que concierne directamente al cuerpo de la madre, es decir al goce, pasa a ser algo del orden del contrato.
Tenemos también el esclarecimiento y la transmisión que ha hecho Miller de la última enseñanza de Lacan, particularmente, en relación a nuestro tema, su curso El ser y el Uno. De esta última enseñanza, el Seminario 23 tiene indicaciones preciosas: la articulación entre creencia, consistencia y mentalidad, amor propio e imaginario. La manera como propone entender las dificultades que se presentan para el ser humano en la relación con su cuerpo, a partir de la relación de adoración del parlêtre con su cuerpo. La diferencia entre tener un cuerpo y ser un cuerpo, y entre tenerlo y creer que se lo tiene.
No quiero dejar de mencionar la insistencia de Lacan en ese Seminario 23, en las dificultades que presenta para el ser humano la relación con su cuerpo: en varias páginas habla de esta dificultad, califica esa relación de imperfecta y llega a decir, en la página 151, “que depende enteramente de que el hombre dice que él tiene el cuerpo, su cuerpo. Ya decir su es decir que lo posee, como un mueble, por supuesto”.
En el plano de nuestra práctica clínica en la actualidad, hemos visto cómo a lo largo de estos años, en lo que hace a la relación del niño con su cuerpo, las clasificaciones diagnósticas, las recetas y la farmacología dificultan que el niño pueda hacerse un cuerpo, alojarlo. Todas las manifestaciones de la angustia y la inquietud del cuerpo infantil, como también vimos durante los dos años que dedicamos al trabajo sobre las transexualidades, tienden a quedar hoy sometidas a respuestas que impiden dar el tiempo que se necesita para que un malestar, una incomodidad, un sentimiento de extrañeza, de falta o de rechazo con el propio cuerpo, pueda ser subjetivado y no se precipite en intervenciones que borren el sujeto hasta hacerlo desaparecer, o que desmonten un cuerpo de manera irreversible, o que lo sintomático del cuerpo sea sometido a la normativización, el control y el adiestramiento.
Algunos fenómenos, más bien propios del registro de los cuerpos escritos, como el tatuaje, han conocido una extensión inédita hasta convertirse en fenómenos de época. Por otra parte, esta extensión parece vinculada a nuevas funciones que desempeña en la actualidad, una de ellas es el uso del tatuaje como modo de apropiarse el cuerpo, y de reivindicar esa apropiación ante los demás. En ese sentido la frontera con las automutilaciones y los cortes, muy frecuentes en la época de la más delicada de las transiciones, se desdibujan al punto de que la dimensión sintomática, se encuentra en continuidad con una modalidad singular de tratamiento de la angustia que presenta la relación con el cuerpo.
En el polo opuesto, en la lógica neoliberal y los cambios en la subjetividad que ha inducido, tenemos la figura del sujeto como empresario de sí mismo, donde el cuerpo es mercancía tanto en la vertiente de la oferta como de la demanda. Algunos sociólogos hablan de la “Gestión corporativa del yo”, en una lógica en la que el sujeto es tanto empresario como producto. Esa mercantilización del yo ha encontrado en el cuerpo un enorme campo de desarrollo: el tatuaje aquí y la cultura de la apariencia promovida y aprovechada por industria de la cirugía estética, pueden situarse en esa lógica. En esta subcultura están surgiendo comunidades Internet como el looksmaxxing, (maximizar la apariencia), que reúnen consumo de fármacos sin supervisión médica, trastornos de la conducta alimentaria, o directamente automutilación. Practican técnicas que implican traumatismos autoinfligidos para modificar determinadas partes de su cuerpo. Relacionan un tipo muy concreto y hegemónico de belleza con el éxito social y sexual. Son un campo abierto a las mentiras, las seudociencias, la misoginia, el racismo, un machismo preocupante y las ideas de extrema derecha.
Una clínica y una época que nos concierne y nos corresponde indagar en nuestras próximas Jornadas, las XXV de la ELP, que se celebrarán en Zaragoza en noviembre de este año 2026.
Lunes 18 de mayo de 2026, jsebastianb@telefonica.net
Notas:
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Miller, J.-A., “Biología lacaniana y acontecimiento de cuerpo”. Freudiana 28, 2000, pp. 19-47. ↑
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Lacan, J., El Seminario, libro 23, El Sinthome (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 18. ↑
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Laurent, E., "L’inconscient et l’événement de corps". Entretien avec Éric Laurent. La Cause du Desir, 91, 2015, p. 26. ↑
