Acontecimiento

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Santiago Castellanos

La noción de acontecimiento no es específica del psicoanálisis, proviene de la historia. El acontecimiento histórico es algo que sucede, que no ha sido previsto y en general tiene un carácter memorable. Para el psicoanálisis es algo que sucede en la vida de un sujeto, antes o después del devenir de su existencia, que lo ha marcado y que tiene consecuencias. A diferencia de la historia, el acontecimiento no está en relación con los hechos, ni con la realidad común, sino de aquello que ha sido un acontecimiento para el sujeto y la manera en que un sujeto dice algo sobre ello. En realidad, el acontecimiento en psicoanálisis se declina en plural, “acontecimientos”, porque podemos pensarlo desde diferentes perspectivas.

El malentendido y el cuerpo

En 1980, Lacan nos dice que el malentendido tiene que ver con lo que afecta al cuerpo de cada uno, es decir con los efectos de goce en el cuerpo: “El cuerpo hace su aparición […] sólo como un malentendido”1. Lacan reformula de alguna manera lo que Otto Rank llamaba el “trauma de nacimiento”, no como algo ligado a una angustia fisiológica producida por la llegada al mundo extrauterino, sino como algo que no encaja en la relación al otro. Lacan nos dice: “Seamos radicales: tu cuerpo es el fruto de un linaje, buena parte de cuyas desgracias provienen del hecho de que ya nadaba en el malentendido”. De esta manera, tu cuerpo no es solo el sujeto en el que te convertirás, sino que tu cuerpo ya está marcado por los efectos de la transmisión de un malentendido que concierne a tu linaje, malentendidos de discordia, de silencio, de secretos: “Eso es lo que te transmitieron cuando te “dieron la vida”, como se suele decir. Es eso lo que heredas. Y por eso te sientes tan incómodo en tu propia piel, cuando es el caso”2.

Lacan sitúa el malentendido a nivel del cuerpo, es decir en el cruce del lenguaje y lo viviente, como si el sentimiento de la vida tuviera algo que ver con el malentendido. Para la criatura humana, el malentendido no es contingente, es del orden de lo necesario, una causa primaria que afecta a nuestro cuerpo. Así, una analizante sabe que llegó al mundo por accidente y que sus padres se casaron siendo muy jóvenes para después divorciarse. Ella sabe que no nació por amor, ni alojada en el deseo del Otro. Ella se da cuenta de que su llegada al mundo fue marcada por este desencuentro inaugural, lo que tendrá consecuencias para su vida de adulta.

El acontecimiento traumático

En un análisis se trata de identificar para cada uno lo que sucedió en su vida, esos accidentes contingentes y malos encuentros del devenir de nuestra existencia. ¿Cuál fue el acontecimiento que condujo a una determinada lógica de la repetición? Podemos llegar al análisis con una cierta idea de lo que ha sido un acontecimiento en nuestras vidas, pero al mismo tiempo descubrimos que no sabemos exactamente qué significado tuvo, y a veces ni siquiera recordamos el acontecimiento que realmente marcó nuestro cuerpo. Hace falta tiempo para despejar esos enigmas.

El acontecimiento traumático está presente desde el origen del psicoanálisis. Los Estudios sobre la histeria pueden considerarse el primer texto clínico del psicoanálisis. Para Freud en aquella época, cualquier incidente capaz de provocar afectos penosos, miedo, angustia o dolor puede actuar como un trauma psíquico. Posteriormente, su recuerdo actuará a modo de un cuerpo extraño que, mucho tiempo después de su irrupción, seguirá desempeñando un papel activo y presente.3 Podríamos decir que la firma del acontecimiento traumático es el efecto de la repetición, como si el sujeto fuera presa de una fuerza que le sobrepasa y que, en cierto modo, escribe su historia por él.

El acontecimiento y el inconsciente

De entrada, el sujeto no tiene necesariamente acceso al acontecimiento traumático, pero puede llegar al análisis con la constatación de una repetición en su existencia. Acontecimiento traumático, muchas veces velado, ignorado, rechazado, pero que se revela en la sesión analítica de forma inesperada, sorpresiva. Esto abre la posibilidad de pensar el acontecimiento como una modalidad de manifestación del inconsciente. En el Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales de psicoanálisis, Lacan marca una ruptura fundamental en su enseñanza. Si en la primera década de los años 50, Lacan define el inconsciente como estructurado como un lenguaje, en 1964 lo define como lo que emerge en la sesión bajo la modalidad del acontecimiento, como lo que surge de manera imprevista en el discurso del sujeto, en muchas ocasiones produciendo una relectura del recorrido de un análisis y de la vida del sujeto.

El acontecimiento como real

La vida está marcada por buenos y malos encuentros. La dimensión del acontecimiento a partir del mal encuentro, del accidente, implica una ruptura, una discontinuidad que no puede ser simbolizada y facilita que el trauma del malentendido se actualice o se intensifique. Dicho de otra manera, que el acontecimiento sea traumático supone considerarlo desde su dimensión de inasimilable, allí donde siempre fracasa la regulación del principio del placer.

Es decir, el estatuto del acontecimiento en análisis tiene que ver con lo que ya no pertenece a la realidad, sino al real en el sentido psicoanalítico. Lo real como lo imposible de simbolizar o lo imposible de soportar, lo que insiste y vuelve bajo la forma de la repetición. Por ejemplo, una analizante que consulta por las sucesivas relaciones de estrago que establece con los hombres puede darse cuenta de que su manera de gozar en la vida amorosa tiene su origen en el abuso y la violencia, en los malos encuentros de su infancia y adolescencia.

El síntoma como acontecimiento del cuerpo

El síntoma analítico tiene la estructura del lenguaje, pero afecta al cuerpo. Como subrayará J. A. Miller: “El acontecimiento, si me permiten, fundador de la huella de afecto, mantiene un desequilibrio permanente, mantiene en el cuerpo y en la psique un exceso de excitación que no se deja reabsorber [...] descubre la incidencia de la lengua en el ser hablante y, con más precisión, en su cuerpo.”4

En su última enseñanza, Lacan formula el síntoma como un acontecimiento del cuerpo. Por el hecho de que el sujeto es un ser hablante, que tiene un cuerpo, no puede identificarse con el mismo, sino solo con su imagen, lo que será la base del narcisismo.

Esto es lo que subraya Lacan en la última parte de su enseñanza con la formulación del síntoma como acontecimiento del cuerpo. El psicoanálisis se ubica en la falla de esta identificación subrayando que la relación que el sujeto posee con el cuerpo es del orden del “tener”.5 Es ahí, en esa falla entre el ser y el tener que el psicoanálisis encuentra su espacio. Tener un cuerpo, tener un síntoma y como dirá Lacan: «Tener es poder hacer algo con6». Como esa analizante joven que tras una acalorada discusión con su madre comenzó a realizarse cortes como una forma de localizar el dolor de existir, lo que pudo subjetivar en su historia a través de las consecuencias del abandono del padre y la relación con su madre. Las palabras pudieron tratar simbólicamente el real del síntoma y los cortes dejaron de producirse. También encontramos en la clínica las prácticas de escarificaciones que se realizan para experimentar el cuerpo como vivo, sin que haya ninguna dialéctica posible en el campo simbólico.

Desde esta perspectiva podremos ubicar muchos de los fenómenos de la época que encontramos en la clínica y que serán trabajados en las próximas Jornadas. El cuerpo contemporáneo aparece cada vez más como lugar de inscripción directa del goce. En la clínica localizamos diferentes artificios para hacerse un cuerpo, para marcarlo, para cortarlo, atravesado por el poder de la imagen, de la mirada y las diferentes formas de tratamiento para tratar el goce que desborda al sujeto. Es el amplio campo de la clínica, de los textos y casos clínicos que debatiremos en las próximas Jornadas en Zaragoza.

scastellanosmarcos@gmail.com

 

Notas:

  1. Lacan, J., « Dissolution », Aux confins du Séminaire, Navarin Éditeur, Paris, 2021, p. 74. (La traducción es nuestra).

  2. Ibid, p. 75.

  3. Freud S., “El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos”, Tomo I, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973, p. 43.

  4. Miller, J.-A., La experiencia de lo real en la cura analítica. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 378.

  5. Ibid, p. 311.

  6. Lacan, J., Otros Escritos. Paidós, Buenos Aires 2012, p. 592.

 

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