¿Tenemos un cuerpo?
Araceli Fuentes
En su última enseñanza Lacan separa el ser del cuerpo, ubicando el cuerpo del lado del tener, no del ser: “tenemos un cuerpo”, no “lo somos”. Pero, ¿hasta qué punto podemos afirmar que tenemos un cuerpo? Lacan responde a esta pregunta cuando dice que el parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia, consistencia mental por supuesto, porque su cuerpo “a cada rato levanta el campamento”.1
¿Qué nos hace creer que tenemos un cuerpo? Creemos que lo tenemos porque es nuestra única consistencia, una consistencia mental en todo caso; “la adoración es la única relación que el ser hablante tiene con su cuerpo”.2
¿En qué consiste la consistencia que el cuerpo nos da? Lo Imaginario se caracteriza por la consistencia, lo que significa que eso se mantiene junto. El nudo sin embargo ex-siste a la cuerda consistencia3… Ciertamente, el cuerpo no se evapora y en ese sentido es consistente. Cosa que resulta antipática a la mentalidad que cree tener un cuerpo al que adorar. Tener un cuerpo al que adorar es la raíz de lo Imaginario4. Una nueva versión de lo Imaginario en la que éste es homogéneo con lo real incluyendo la sustancia gozante en el cuerpo, la cual produce una inquietante extrañeza.
El cuerpo sólo tiene un estatuto respetable, en el sentido común de la palabra, en el nudo borromeo. No es el caso de Joyce, cuyo nudo está afectado por una falla que hace que el Imaginario esté suelto de lo Real y lo Simbólico, él no tiene un cuerpo al que adorar sino un cuerpo que abandona el campo a cada instante. Eso le impide tener un Ego al uso, es decir, basado en la imagen del cuerpo. El Ego de Joyce no se sostiene en la imagen de un cuerpo que lo abandona, sino en su escritura, que es su invento, con el que consigue reparar la falla de su nudo. Es de su escritura y no de su cuerpo del que se siente muy orgulloso. Una escritura que en Finnegans Wake está hecha con el murmullo de lalengua y sus ecos.
En la Conferencia Joyce, el síntoma II 5, en 1975, Lacan plantea que el hombre tiene un cuerpo y no tiene más que uno. Tener un cuerpo es poder hacer con lo que se tiene. Para tener un cuerpo es necesario que las tres dimensiones que habita el ser hablante estén anudadas, pero no siempre ocurre. Un ejemplo de ello lo encontramos en las llamadas “personalidades como sí”6, como las nombra Helen Deutsch, que presentan una dimensión significativa de la sintomatología de las esquizofrenias. El “como si” es un mecanismo de compensación imaginario del Edipo ausente. Son sujetos aparentemente normales, extremadamente conformes con el discurso de su ambiente. En ellos ha operado la alienación al Otro pero no la separación del Otro, que se realiza gracias a la pulsión. Por eso son sujetos sin diferencia, sujetos que no pueden decir que sí ni que no, porque para poder decir que sí es necesario que la Bejahung se haya inscrito, que el Nombre del Padre opere y, si no pueden decir no, es a causa de la forclusión. Un sujeto “como si” es alguien que se sostiene por completo en el goce estándar, a falta de la verdad sobre el suyo propio. En realidad lo que hay en ellos es una especie de ausencia del sujeto, es imposible encontrar en estos sujetos una enunciación propia, por lo tanto hay que pensar que si no hay sujeto, tampoco tienen un cuerpo.
Lacan lleva hasta su punto álgido su tesis de que el hombre adora su imagen en sus Conferencias sobre Joyce. En la segunda escribe: “El hombre se cree bello” y por eso se construye un Scabeau, escabel que le sirve para alzarse, para hacerse valer en el orden de la notoriedad. En 1975 ha cambiado su opinión sobre el narcisismo y afirma que ya no hay más que el escabel para alzarse. Vivimos en una época en la que los ideales han perdido peso y la alternativa parece ser que cada uno encuentre su escabel, hasta el punto que parece que el hombre de hoy se mueve en una alternativa entre el escabel o la depresión.
El escabel es un mixto entre sublimación y narcisismo. Según J.-A. Miller7 la sublimación se funda en un “yo no pienso” del ser hablante que implica una negación del inconsciente mediante el cual el ser hablante se siente amo de su ser, se cree un amo bello. Paradójicamente Lacan inventa el escabel a partir de Joyce que no es alguien que se crea bello.
Joyce le enseña a Lacan que es posible que alguien pueda, por sus propios medios, inventar un artificio que le permita corregir el error de su nudo, lo que no es cualquier cosa cuando se trata de las psicosis cuyo nudo es anómalo de diferentes formas que son siempre formas singulares. La invención de su sinthome por medio de la escritura nos enseña su manera de hacer para poder corregir el defecto de su nudo en el que el cuerpo no hacía más que irse. La invención será diferente en cada caso, pero abre un horizonte nuevo en el tratamiento de las psicosis por parte del psicoanálisis.
“Tener un cuerpo” no va de suyo y “dejar caer su cuerpo” tampoco. En algunos casos este dejar caer puede tomar la forma de la indiferencia o el desapego, no neuróticos.
Es el caso de Ella, paciente de Agnès Aflalo8. Ella tuvo un colapso tras una caída y fue inmovilizada para curar la fractura, eso le hizo sentir que la vida la había dejado caer. Mientras esperaba en la sala de espera de su analista, decide marcharse porque creía que esta quería deshacerse de ella. Su certeza se apoyaba en que el precio de sus sesiones no era muy alto. El análisis hizo surgir un recuerdo de otra caída siendo muy joven, cuando su madre intentó suicidarse y su padre se había ido. Su silencio al respecto la preservaba de la separación de su madre. Sorprendida de haber podido decir lo que ignoraba, decidió que el precio de las sesiones debía aumentar.
Junto a lo imaginario del cuerpo, imaginario que se despliega a la manera de dos círculos, hay una inhibición específica que se caracteriza por la inquietante extrañeza9. El cuerpo imaginario está también habitado por el goce, del que la inquietante extrañeza es un signo. Algunos ejemplos:
Agustin Menard10, nos habla de un paciente en el que prevalece un apego a la mirada de cuya atracción es difícil arrancarlo. La mirada es primero la mirada del Otro que lo juzga, pero también fue la mirada del propio sujeto sobre un acontecimiento incestuoso que vio en su infancia. Él dejó de lado ese encuentro precoz con el sexo y el exceso de goce que le produjo, del cual sólo hay una señal de angustia producida por la mirada en la que quedó capturado.
Marie-Hélène Blancard11 también se refiere a la inquietante extrañeza que experimenta una analizante, a partir de una escena que se desarrolla en un jardín. Recuerdos de su infancia afloran en la memoria de la paciente que es actriz. Lo que provoca la inquietante extrañeza es la quietud de una magnífica mariposa que se posa a su lado mientras está rodando. “Inmediatamente sintió una violenta angustia que la desconcertó hasta el punto de tener que suspender el rodaje”. La paciente evoca el jardín de su infancia, la presencia del abuelo inválido , los juegos con los vecinos y el padre de uno de ellos que puso en marcha con la futura actriz, prácticas que le hubieran costado caro si hubieran sido descubiertas. La llevaba en su tractor y un día de manera delicada pero firme, le abrió las piernas y empezó a acariciarla. Ella sintió un placer violento y después vergüenza. Luego se escapó e ignoró a este hombre. Años más tarde lo encontraron ahogado en una piscina y ella se sintió muy culpable. La mariposa evoca el trauma del goce y a la vez, ella misma es la mariposa que siempre se había dejado hacer “sin habitar su cuerpo”, deslizándose como si nada sobre las cosas de la vida, con una indiferencia, que da cuenta de su dificultad para habitar su cuerpo
Tener un cuerpo no significa que seamos sus dueños, ni que lo controlemos. En la histeria se tiene la experiencia de la singularidad del cuerpo y de que el cuerpo hace lo que quiere. También en el cuerpo masculino, hay al menos una parte del cuerpo, el pene, que hace lo que quiere. En la psicosis ordinaria hay algo más, hay un desajuste. El desorden más íntimo es esa brecha en la que el cuerpo se deshace y donde el sujeto es llevado a inventarse vínculos artificiales para apropiarse de nuevo de él, medios artificiales que hoy están de moda, de actualidad, como los tatuajes por ejemplo, cuando están al servicio de que el sujeto pueda atar su cuerpo a sí mismo, usos que están claramente inspirados en las psicosis ordinarias12.
Otra perspectiva para abordar las dificultades de algunos sujetos para tener un cuerpo la encontramos en lo que Lacan llamó “falla epistemo-somática”, una falla que se produce en la constitución misma del cuerpo. El resultado de ésta es el surgimiento de un FPS, es decir, la intrusión de un goce real en el cuerpo imaginario, lesionándolo. La falla del nudo en el FPS se localiza en alguna parte del cuerpo, está ahí desde el principio aunque sea en estado latente. Lacan en su Conferencia de Ginebra sobre el síntoma13 afirma que el FPS es un accidente producido en la constitución misma del cuerpo, en alguna de sus partes y que por alguna circunstancia se hace evidente en ciertos momentos de la vida.
Con respecto a la posibilidad de su tratamiento por el psicoanálisis Lacan respondiendo a una pregunta de Marcel Ritter, afirma que “se puede esperar que en un análisis, el inconsciente, la invención del inconsciente en el análisis, pueda permitir cifrar algo de ese goce específico, que se fija en el FPS”. Tenemos algunos testimonios de ello14.
Notas:
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Lacan. J., El Seminario, libro 23, El sinthome (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2006, p.64. ↑
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Ibid. p.64. ↑
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Ibid. p.64. ↑
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Ibid. p.64. ↑
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Lacan. J., “Joyce, el síntoma II”, Uno por Uno 45. Eolia, Barcelona, 1997, p.9. ↑
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Lacan. J., El Seminario, libro 3, Las Psicosis (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 1984, p.275. ↑
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Miller. J.-A., “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Freudiana 72, Barcelona, 2014. ↑
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Miller, J.-A., L’Uno tutto solo. L’orientamento lacaniano. Astrolabio, Roma, 2016, p.184. Traducción propia. ↑
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Lacan. J., El Seminario, libro 23, El sinthome (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2006, pp. 48 y 49.
Ver al respecto el número 46 de la revista El Psicoanálisis, “Inquietante extrañeza”, de noviembre de 2025. ↑
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Miller, J.-A., L’Uno tutto solo. L’orientamento lacaniano. Astrolabio, Roma, 2016, p. 173. Traducción propia. ↑
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Ibid. p.175. ↑
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Miller. J.-A., “Efecto retorno sobre las psicosis ordinarias”, Freudiana 58, Barcelona, 2009. ↑
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Lacan. J., “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, Intervenciones y textos 2. Manantial, Buenos Aires, 1993, p.115. ↑
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Fuentes. A. El misterio del cuerpo hablante. Gedisa, Barcelona, 2016. ↑
