«Resulta entonces claro…
«Resulta entonces claro que, para estructurarse, el goce sexual solo encontró la referencia a la prohibición, en tanto que nombrada, del goce, pero de un goce que no es esta dimensión del goce que es, hablando con propiedad, el goce mortal. En otras palabras, el goce sexual solo adquiere su estructura a partir de la prohibición que recae sobre el goce dirigido al cuerpo propio, es decir, precisamente, en esa arista y esa frontera donde confina con el goce mortal. Y sólo alcanza la dimensión sexual haciendo recaer lo prohibido sobre el cuerpo del que proviene el cuerpo propio, a saber, sobre el cuerpo de la madre. Únicamente de este modo se estructura, se alcanza en el discurso que solo la ley puede aportar, a saber, lo que atañe al goce sexual.»
Lacan, J., El Seminario, libro 18, De un discurso que no fuera del semblante (texto establecido por Jaques Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 1971, p. 100.
