De arrugas y de pliegues

Comenzaré con una proposición: si hay pliegue, entonces hay cuerpo.

Este es el punto de partida.

Si bien es una fórmula que puede resultar enigmática, apunta a precisar el lazo entre la lógica topológica y la práctica del psicoanálisis lacaniano. Se trata de una relación no siempre fácil de atrapar, aunque su articulación es intrínseca. Cuando se afirma que el parlêtre no equivale al sujeto del inconsciente, sino que el parlêtre tiene un cuerpo, eso implica que ha habido alguna operación para que el ser hablante diga que lo tiene. ¿Cómo se produjo? Esta pregunta es la que da lugar a dicha articulación.

Cuando nos proponemos hablar del “cuerpo, considerado como tal”1, ese cuerpo adorado que el parlêtre tiene, tenemos que dejar de lado imágenes y nombres, para “rastrear lo real”2. El efecto del significante en el cuerpo provoca, desencadena, algo inédito. No había, luego hay.

Una superficie lisa, sin marcas, resultaría infinita, no distinguible, no nombrable, no ex-siste. Pero es posible que una arruga, un pliegue, una muesca, puedan hacerla consistir ya que tal marca equivaldría a la causa de deseo, es decir a lo que llamamos división subjetiva, tal como lo dice Lacan en el seminario Aún3 de 1972-73.

Entonces, tomar la marca como punto de partida resulta conveniente para elucidar la relación del parlêtre con el cuerpo.

De arrugas

Años después de Aún, Lacan utilizará el significante arrugar en una versión no editada del Seminario de 1976-77. Usa el verbo chiffonner4 para referirse a lo que denominó “significante nuevo”.

Lacan dice chiffonnage, lo que podemos traducir como “arrugamiento”, para explicar qué ocurre cuando se utiliza una palabra para otro fin que aquella para la que está hecha. Dice allí que a esa palabra se la arruga un poco de tal modo que se logre forzar el sentido y con ese arrugamiento es con lo que se alcanzaría una transformación, se produciría lo que denomina un “efecto operatorio”5. El arrugamiento de un significante y su consecuente efecto operatorio implican en su propia relación un anudamiento en el cual el peso de lo real queda señalado. El arrugamiento, siguiendo está lógica, es lo que podemos constatar en la poesía, en lo que conocemos como “efecto de poesía”, ya que el significante estaría separado de su valor habitual produciendo un vaciamiento de sentido, un agujero en la significación y, por tanto, se produciría en tal operación, lo nuevo.  

En El sinthome Lacan usa “arruga” en relación con el nudo, señalando que, si el nudo “se arruga, puede cobrar la forma de un ovillo, pero, una vez desplegado, conserva su forma de nudo, y al mismo tiempo su ex–sistencia6”. 

Hay referencias anteriores de Lacan a la arruga, especialmente cuando se refiere al pequeño Hans.

La ciencia también se ha ocupado de la arruga. De las definiciones más o menos generales se puede extraer que una arruga es una pequeña depresión irregular y superficial que surge por desgaste, envejecimiento o presión desordenada sobre una superficie flexible muchas veces producida por el paso del tiempo. 

De pliegues

La arruga no es un pliegue, pero se emparentan.

Un pliegue, el hecho de plegar, supone un movimiento. Eso implica que en los pliegues existe una dimensión tanto espacial como temporal. En el campo de la física, de la cuántica, de la geofísica, los pliegues son fundamentales a la hora de interpretar los fenómenos.

En física, un pliegue en el espacio, por ejemplo, es la curvatura o deformación del tejido del espacio-tiempo a causa del efecto de la masa y la energía. De alguna manera, es la constatación de que no hay un orden fundamental que establezca un lugar para cada cosa en un tiempo específico. Lo que hay son acontecimientos imprevistos que, al dejar su marca, pliegue o arruga, inauguran un nuevo funcionamiento. Nada pues del orden de lo previsible. 

En geofísica, los pliegues son diversos, existe una clasificación según el tipo de deformaciones provocadas por cierta presión de las capas terrestres que, en lugar de romperse, se pliegan. No hay rotura, sino que, al plegarse, las capas de la tierra se transforman.

Cuando en una superficie se produce un pliegue hay una transformación inesperada. Y recordemos que un pliegue se produce de manera imprevista. Entonces, se podría decir que el cuerpo real consiste a partir de un pliegue, consistir en el sentido de ser efecto. Allí donde no había nada delimitado, nada reconocible, se produjo una marca a partir de un significante. Diría siguiendo la lógica de la última enseñanza, que la sustancia gozante toma consistencia a partir del significante. 

Miller ha desarrollado ampliamente esta cuestión en su Curso El Ser y el Uno. Cuando aborda la relación entre el ser y la existencia, y establece sus diferencias tomando las dos sustancias que permiten para Lacan pensar el cuerpo. La sustancia gozante7, que Lacan introduce en Aún, es correlativa de la noción de sustancia significante. La sustancia gozante es asignada al cuerpo con la condición de que sólo se define porque se goza. El cuerpo del que habla no es el de la imagen especular ni el del Uno, ni el cuerpo que goza; el cuerpo al que se refiere Lacan es eso que se goza8.

Sin pliegue, no hay cuerpo.

patriciaheffes@gmail.com

Notas:

  1. Lacan, J., El Seminario, libro 23, El sinthome (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 64.

  2. Ibid.

  3. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aún (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 1985, p. 153.

  4. Lacan, J., Séminaire 24, «L’insu que sait de l’une-bévues ’aile à mourre», 1976-77, 17 de mayo de 1977, Inédito.

  5. Ibid.

  6. Lacan, J., El Seminario, libro 23, “El sinthome”. Op.cit., p. 166.

  7. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aún. Op.cit., p. 32.

  8. Miller, J.-A., “El desnivel entre el ser y la existencia”, Freudiana 68, 2013, p. 20.

 

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