“El amor propio…

“El amor propio es el principio de la imaginación. El parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad, no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia —consistencia mental, por supuesto— porque su cuerpo a cada rato levanta campamento”.

Lacan, J., El Seminario, libro 23, El sinthome (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 64.

 

A partir de este pasaje, puede entenderse que lo imaginario no se reduce al dominio de las imágenes, sino que implica una operación de consistencia. No se trata de una ilusión de unidad, sino de aquello sin lo cual el cuerpo mismo no llega a constituirse como consistencia para el parlêtre.

El parlêtre ama su cuerpo porque cree que lo tiene. Lacan introduce aquí la creencia como elemento estructural: tener un cuerpo es una construcción que se sostiene en el registro imaginario.

Esta formulación permite releer lo que en la primera enseñanza aparece como la constitución del yo a partir del estadio del espejo. La imagen no vale únicamente por la ilusión de unidad que ofrece, sino por la consistencia que produce. El cuerpo se presenta como aquello que hace Uno para el parlêtre, aun cuando dicha consistencia no garantice ninguna coincidencia entre el cuerpo y quien dice “mi cuerpo”. No se trata del ser, sino del tener, o más precisamente del “creer tener”. El cuerpo hace consistencia para el parlêtre, pero no bajo la forma de una posesión asegurada, y puede incluso “levantar campamento”.

Si el cuerpo puede ser la única consistencia del parlêtre es precisamente porque no coincide plenamente con él. Entre el parlêtre y su cuerpo no hay identidad ni garantía de unidad.

Esta elaboración encuentra un eco en ciertos fenómenos clínicos contemporáneos. Si el cuerpo constituye una consistencia sostenida por la creencia de tenerlo, pueden observarse formas de malestar que ponen en juego una relación problemática con el cuerpo: desde experiencias de extrañeza corporal hasta la preocupación insistente por su imagen, o intentos de asegurar una consistencia que nunca es suficiente y que en ocasiones empuja a intervenciones sin término.

Queda entonces abierto el interrogante de cómo se produce, para cada parlêtre, la operación por la cual algo del cuerpo llega a consistir, y qué ocurre cuando tal operación no logra sostenerse.

irinagschaller@gmail.com

 

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