«El bricolador acumula…

«El bricolador acumula, sin saber por qué, piezas sueltas (…) se las arregla (…) con un conjunto finito de materiales diversos y heteróclitos (…) la estructura está sostenida por lo heteróclito (…) Es el resultado contingente de residuos diversos que pudo recuperar (…) pero cuyo empleo queda por hallar (…) el cuerpo es comparable a un montón de piezas sueltas.»

Miller, J.-A., Piezas sueltas. Paidós, Buenos Aires, 2013, pp. 15-16.

 

Esta cita me recuerda la obra de Warhol como una operación de bricolaje que hace para darse un cuerpo: “Si quieres saber todo sobre Andy Warhol, basta con ver mis pinturas y películas y allí estoy. No hay nada más”.1

William Linich, quien le empapeló el estudio con papel de aluminio y trabajó con él, le habría dicho: “tu arte es lo más puro que conozco, sin ego, sin mensaje… arte… sin más”.2

Sin mensaje, dado que su obra se opone frontalmente al movimiento artístico de la época en que inicia su carrera, el Expresionismo o Surrealismo Abstracto. Esta corriente representaba la expresión libre de la subjetividad inconsciente del artista, dando preponderancia al simbolismo. Por el contrario, el Pop Art mostraba una imagen irónica, frívola e impersonal de la vida real cotidiana de las masas con un objetivo de lucro, puro goce. Pero disentimos de Linich en descartar un ego en esta obra. Warhol se construye el ego que no tiene por fallarle, como a Joyce, lo imaginario del cuerpo. Tampoco Andy adoraba su cuerpo. Si Joyce se hizo uno con su escritura, para Warhol lo que viene a funcionar como tal son las imágenes que plasma de iconos sociales. Fallándole el narcisismo, su particular bricolaje sería aunar arte y capitalismo, haciendo del negocio un arte y del arte un negocio —el mejor arte según él, el arte empresarial— y hacer uso del objeto cotidiano para sostenerse entre los mortales. Da una nueva función al objeto mercancía, tomándolo como resto del capitalismo para producir su invento como vínculo social.

Mi primera impresión al entrar en una exposición3 fue una sensación de mismidad que alude a la unicidad del ser, lo estructural que permanece. El ser-ahí (dasein) de Heidegger, el Hay-del-Uno lacaniano.

Miller dice adiós al significante como unidad conceptual para dar la bienvenida al síntoma: “lo más propio de un sujeto y que designa la falla de un funcionamiento”.4 Esto si tomamos su vertiente significante y la verdad reprimida. Pero Lacan, siguiendo la última enseñanza freudiana que intentaba explicar la resistencia sintomática a la interpretación, termina por dar un salto y discernir en el síntoma una manera de gozar. Entonces señala ese síntoma-goce como un medio de la pulsión para satisfacerse, lo cual explica que se mantenga en la repetición.

Para Warhol no hay significante, hay imagen. Su soporte escópico muestra la vacuidad de la nada que él mismo quería representar en sus creaciones porque “la nada no puede decepcionar”.5 “La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que sí lo haga”.6¿No recuerda al interés joyceano por dar trabajo eterno a los estudiosos de su obra?

Para Warhol, el concepto temporal también parece referirse a un eterno presente. Su gusto por la iteración, el coleccionismo, disgusto por la variedad, querer igualar a todos parece anular el tiempo y la dialéctica significante de la diferencia. Lo hetero queda rechazado en su homosexualidad, en su rechazo del sexo, encontrando una solución a la no relación sexual en la frigidez y el humor.7 “Soy todo lo que dice mi álbum de recuerdos”; “La desnudez es una amenaza para mi existencia”; “Lo que hace al hombre es la ropa”; “Ojalá pudiera inventar algo como los tejanos”; “Algo por lo que se me recuerde”.8

El título del libro resulta elocuente: “B y yo. Cómo Andy juzga a su Warhol. No puedes discutir con tu álbum de recortes”. Tomamos sus recortes como sus piezas sueltas que aprehendía con el objetivo de su cámara y con sus serigrafías. Con ellas haría su bricolaje para ajustarse una versión de ropaje que atrape su cuerpo que lejos de haber sido adorado por él persigue la adoración de esos otros imaginarios en los que se sostenía además de en los objetos de la realidad cotidiana: “B es cualquiera que me ayude a matar el tiempo. B es cualquiera y yo no soy nadie. Necesito a B porque no puedo estar solo”.9

“El discurso americano le sirvió como Otro alienante, se auxilió en él para inventar su propia marca, su sinthome. Hasta convertirse —él mismo— en una”.10“Cuando quieres parecerte a algo, significa que en realidad lo amas. Yo amo ídolos de plástico”.11

bego.conde.bordes@gmail.com

 

Notas:

  1. Fernández Santamaría, C., «Andy Warhol. La estética warholiana al servicio de la publicidad». Universidad de Valladolid, 2016.

  2. Typex, T., Andy. Una fábula real. Versión digital Amazon, 2019. pp. 144-154.

  3. Exposición “Andy Warhol Super Pop”. Madrid 12/02/2022 al 5/06/2022 en Palacio Santa Bárbara.

  4. Miller, J.-A., “El psicoanalista y sus síntomas”, El Analista-Síntoma. Paidós, Buenos Aires, 1998, pp.13-15.

  5. Warhol, A., Mi Filosofía de A a B y de B a A. Barcelona, Maxi Tusquets, 2021, p.18.

  6. Barragán del Rey, Sara, «25 frases de Andy Warhol para entender el arte, la amistad y el amor». Revistaad, 25/04/2022.

  7. Warhol, A., Mi Filosofía de A a B y de B a A. Op. cit., pp. 63 y 54.

  8. Ibid., pp. 20-23.

  9. Ibid., p. 13.

  10. Fernández Santamaría, C., “Andy Warhol. La estética warholiana al servicio de la publicidad”. Op. cit., p. 60.

  11. Warhol, A.: Mi Filosofía de A a B y de B a A. Op. cit., p. 60.

 

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