«Gozar de un cuerpo…
«Gozar de un cuerpo cuando ya no hay traje deja intacta la pregunta acerca de lo que configura al Uno, es decir la de la identificación (…). Dicho de otra manera, lo que hay bajo el hábito y que llamamos cuerpo, quizá no es más que ese resto que llamo objeto a. Lo que hace que la imagen se mantenga es un resto.»
Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aún (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2022, p. 14
Encontramos esta cita en el capítulo I del Seminario, titulado “Del goce”. Lacan no apunta aquí a una definición ontológica del cuerpo. Introduce, más bien, una separación radical entre el cuerpo como imagen y el cuerpo como sede del goce: el goce no es un simple hecho biológico del organismo.
El cuerpo viviente, el cuerpo que goza, no se reduce al registro imaginario ni se define por la imagen, aquella que conocemos y que resulta operatoria en el estadio del espejo. Pero tampoco se agota en lo simbólico, ni se define únicamente por el significante. Es un cuerpo afectado por el goce, en cuya articulación el objeto a ocupa un lugar decisivo.
Desde esta perspectiva, la identificación, lejos de constituir una operación puramente imaginaria, encuentra su anclaje en ese resto que hace de soporte del Uno. Bajo el hábito, es decir, bajo la imagen especular, la identificación narcisista o el semblante que recubre el cuerpo, no encontramos una sustancia plena, sino el objeto a como resto de goce.
Este resto introduce otra dimensión del cuerpo: allí donde la imagen procura una unidad, el objeto a señala aquello que no se integra enteramente en ella. La consistencia corporal no remite entonces a una unidad, sino al modo singular en que imagen, identificación y goce se anudan.
