«hacer del Uno…
«[…] hacer del Uno algo que se mantiene, es decir, que se cuenta sin ser.»
Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2014, p. 158.

«Piedad Rondanini», Miguel Angel, 1564
Hace unos años tomé esta cita del Seminario 20 de Lacan en relación a la obra final de Miguel Ángel, a las esculturas de aspecto inacabado con las que inauguró el arte non-finito. Hoy la asocio también al hecho de que, cuatro siglos más tarde, Marcel Duchamp pudiese limitar el delirio mortificante de la elaboración de su Gran vidrio – nombre abreviado de La novia desnudada por sus solteros, incluso – declarándolo definitivamente inacabado.
El ser aparece en el Seminario 3 de Lacan como el resultado de la operación simbólica: “Lo simbólico da una forma en la que se inserta el sujeto a nivel de su ser. Él se reconoce como siendo esto o lo otro a partir del significante.”1 Pues bien, eso que se mantiene, el Uno, el goce irreductible que itera sin ser, nada tiene que ver con el delirio del sujeto de creer ser esto o lo otro, nada con la búsqueda de la buena forma de gran parte de la obra de Miguel Ángel, nada con la del significante que falta que Duchamp persiguió durante diez años en su Gran vidrio.
Con la cita elegida Lacan apunta a lo real, a un real que, nos dice, es fruto de la matematización y concierne al discurso analítico: “Lo real, diré, es el misterio del cuerpo que habla, es el misterio del inconsciente.”2 Lo real, el goce, lalengua – término que repetirá insistentemente en las últimas páginas del Seminario 20 – aparecen como nombres posibles para ese Uno que se mantienen iterando en el cuerpo y se cuenta sin ser.
En el Seminario 20 el goce se desnuda y muestra como un fenómeno del cuerpo, destituyendo todo aquello en lo que el ser se sostiene: el saber, la verdad, el conocimiento tradicional, el lenguaje entendido como vehículo de comunicación. El ser y sus significaciones —sus desgracias, hazañas y pasiones— se revelan como vanos intentos para “dar cuenta de lo que yo llamo lalengua”, como una mera “elucubración de saber sobre lalengua.”3
Lacan anuncia, por tanto, que lo que está en juego para el sujeto que habla es puro eco del decir percutiendo en el cuerpo, pero también nos advierte de las dificultades de que ese goce alcanzado pueda seguir cifrándose fuera de sentido: “lo real, como un pájaro voraz, no hace más que nutrirse de cosas sensatas, de acciones que tienen un sentido”.4
Advertidos de la insuficiencia de la significación, pero también de su insistencia, y armados con la topología de los nudos, solo podemos seguir sirviéndonos del “saber y hacer con” que cada uno encontró en su recorrido analítico.
Notas:
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Lacan, J., El Seminario, libro 3, Las psicosis (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2017, p. 256. ↑
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Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2014, p. 158. ↑
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Ibid., p. 167. ↑
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Lacan, J., “Entrevista a Jacques Lacan en la revista Panorama. 1974”, El Psicoanálisis 27, 2015. ↑
