Cuerpo vivo, cuerpo mortal

“Dejemos el síntoma en lo que es: un acontecimiento de cuerpo, ligado a lo que se lo tiene, se lo tiene del aire, se lo aira, del se lo tiene. En ocasiones eso se canta, y Joyce no se priva de ello”.1 En un breve escrito sobre James Joyce, Lacan redefine el síntoma; éste ya no comparece como mensaje a descifrar, sino como marca de goce en el cuerpo del parlêtre, huella que no se absorbe por el sentido.

El cuerpo no puede pensarse como cuerpo-máquina ni como pura unidad imaginaria, ya no es el primer cuerpo de la biología: deviene superficie de inscripción, consistencia precaria, lugar donde el encuentro traumático entre lalengua y el cuerpo fija una marca de goce, “el primer cuerpo hace al segundo, al incorporarse en él”.2

Miller en su enseñanza destacó la definición de “síntoma como acontecimiento de cuerpo”,3 subrayando la importancia del sonido, de la homofonía, “un eco del eco que estaría implicado en el acontecimiento del cuerpo”,4 remite más bien a la irrupción contingente de un goce que marca el cuerpo y que insiste como fijación. Se trata, por tanto, de una marca que no se agota en el sentido ni en la interpretación. “El cuerpo, si lo tomamos en serio, es primero lo que puede llevar la marca propia que lo ordena en una serie de significantes”.5

Hagamos un pequeño recorrido: en el seminario XX, Aún (1972-1973), Lacan subraya la relación entre lenguaje, cuerpo y goce, y empieza a definir la lalengua,6 no la lengua como sistema, sino los efectos sonoros de los decires del Otro en el cuerpo.

Lalengua remite a la manera singular en que la lengua materna fue hablada y escuchada. En “La Tercera”, Lacan dirá que lalengua está hecha de goce y el goce se deposita en ella y lo mortifica.

El lenguaje deja entonces de ser solo red simbólica para revelarse también como materia gozante: tonos, cortes, mandatos, equívocos y restos de voz precipitan sobre el cuerpo como exceso, “detritus7 los llegará a llamar.

Por tanto el cuerpo al estar atravesado por el lenguaje devendrá en lo que Lacan llamará el parlêtre -traducido como hablaser o ser hablante- cuerpo vivo que goza. De ahí que al ser el cuerpo un cuerpo vivo que goza, manejárselas con él no es fácil y el cuerpo hará a su manera.

“Tener” un cuerpo no es dado de inmediato. En Lacan el parlêtre no tiene un cuerpo pero cree tenerlo. Miller dirá: “el cuerpo nos es extraño, […] el parlêtre tiene un cuerpo, no lo es, y por eso puede dejarlo caer”.8

Si algo constatamos es que el cuerpo es algo a construir en la experiencia analítica, ya que “en un análisis nos aliviamos. Nos aliviamos en la medida en que aprendemos a leer el acontecimiento de cuerpo”.9

Por tener un cuerpo, o creer tener un cuerpo, el hombre tiene síntomas, ellos son lo más real de cada uno. El cuerpo aparece como el lugar donde el significante no solo representa, sino que deja marca; no sólo articula una historia, sino que fija un modo de gozar. La “libra de carne”, expresión usada por Lacan para pensar la entrada del ser hablante en el lenguaje, indica que esa entrada tiene un precio: deja un vacío que condiciona las apetencias y causa el deseo. Pero cuando el deseo queda empañado por el goce de la pulsión, no queda sino repetir ya que la pulsión es la marca del desecho resultante del lenguaje sobre el cuerpo. Por eso el cuerpo se padece, está atravesado por el lenguaje y marcado por el significante, “no sabemos que es estar vivo a no ser por esto, que un cuerpo es algo que se goza”.10

Pensar el síntoma como acontecimiento de cuerpo implica que cada parlêtre está llamado a inventar una manera singular de hacer con la marca que lo habita. En él se alojan las marcas que nos marcaron y que aún insisten, experiencias de goce que el cuerpo hablante no deja de repetir.

En una época fascinada por cuerpos visibles, corregibles y adorados, capturados por el imperativo de goce, la frase de Lacan “el parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene”11 resuena como clave decisiva. El psicoanálisis recuerda que un cuerpo no es solo una imagen, sino el lugar donde lalengua deja su traza, donde el goce se fija y donde el sujeto puede ensayar, gracias al análisis, un anudamiento posible, un saber-hacer con lo que no cesa de no escribirse. En este horizonte, el sinthome “es arreglárselas con. Es un arte, es decir, un artificio”.12

“Es preciso intentar librarse de la idea de eternidad. Es preciso hacerlo para dar su lugar a la instancia de la vida transitoria, de la vida mortal”.13 Aceptar la precariedad del cuerpo abre la posibilidad de una vida menos sometida a la tiranía del goce y de la imagen.

El acontecimiento de cuerpo, lejos de ser solo una tragedia, puede volverse punto de partida para una ética: otra manera de habitar el cuerpo y el deseo.

lorefm78@hotmail.com

 

Notas:

  1. Lacan, J., “Joyce el Síntoma”, Otros Escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 595.

  2. Lacan, J., “Radiofonía”, Otros Escritos. Op. cit., p. 431.

  3. Miller, J.-A., La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, p. 371.

  4. Ibid., p. 372.

  5. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aún (texto establecido por J.-A. Miller). Paidós, Buenos Aires, 2021, p. 166.

  6. Ibid., p. 123.

  7. Lacan, J., El Seminario, libro 14, La lógica del fantasma (texto establecido por J.-A. Miller). Paidós, Buenos Aires, 2023, p. 100.

  8. Miller, J.-A., Piezas Sueltas. Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 65.

  9. Ibid., p. 49.

  10. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aún (texto establecido por J.-A. Miller). Paidós, Buenos Aires, 2021, p. 32.

  11. Lacan, J., El Seminario, libro 23, El Sinthome (texto establecido por J.-A. Miller). Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 64.

  12. Miller, J.-A., Piezas sueltas. Op. cit., p. 49.

  13. Ibid., p. 418.

 

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