La levedad del cuerpo

Suponer un cuerpo y un inconsciente

El discurso de la ciencia encuentra sus certezas recurriendo al órgano como lugar de la verdad y de la causalidad psíquica.1 Este discurso niega la existencia del inconsciente y, por ende, una subjetividad que vaya más allá de la determinación biológica.

Sin embargo, Lacan pone en el centro el cuerpo y no el órgano. Y hace esta distinción porque el significante tiene efectos sobre lo real: “el lenguaje carcome lo real […] para hacer de él un síntoma”.2

Si nos detenemos un momento en este planteamiento podemos entender la frase de Lacan sobre que “el inconsciente no tiene cuerpo más que de palabras”.3 Que el ser-hablante tenga un inconsciente de cuerpo de palabras implica que los efectos del significante tienen lugar a nivel del órgano; el ser-hablante intenta simbolizar e imaginarizar lo real.

Tener un inconsciente, un cuerpo, supone la posibilidad de que el sujeto pueda hacerse responsable de sus síntomas, de aquello que le ocurre. No es un simple órgano-máquina.

De la imagen y la adoración

El estatuto imaginario de la primera enseñanza de Lacan se apoya en el estadio del espejo, como imagen unificadora que permite al sujeto tener cierta estabilidad. Sin embargo, la adoración al cuerpo no está del lado de la unificación, está del lado de creer tener un cuerpo. Y esto trae consigo la consistencia para el ser-hablante.4

Es este creer tener lo que propicia la separación entre el cuerpo y órgano. La separación se produce mediante el efecto significante: recorta la carne y se separa el cuerpo.5

Así pues, aunque resulte paradójico, esta separación causa una consistencia como un modo de mantener junta la superficie del cuerpo. El recorte extrae los objetos pulsionales que se desprendieron del cuerpo.6 Esto permite una circulación pulsional que recorre el borde donde estaba ese pedazo de carne. Es justo en ese recorrido, alrededor del agujero, que la pulsión roza una y otra vez la orilla entre el cuerpo y el órgano.

Por tanto, en la última enseñanza de Lacan, adorar al cuerpo no es tener un apego a la imagen, más bien implica a la “sustancia gozante del cuerpo”.7 Es un nuevo imaginario del cuerpo que horada la construcción narcisista.8

Agujero de lo real

El sujeto mediante su discurso y su supuesto cuerpo intenta hacer con ese agujero de lo real. Y para ello tiene dos ejes de coordenadas que son la sexualidad y la muerte, donde no puede representarse, pero sí puede ubicarse, aunque no sin ciertas dificultades.9

Este real es lo que Lacan articula como “lo que no cesa de no escribirse”10, ya que es imposible de imaginarizar y de simbolizar. Ante esta imposibilidad la cuestión está en cómo hacer ante este agujero.

Equívoco.

Sabemos que el inconsciente es un sedimento de lenguaje11 y que estos sedimentos son el rumor de lalengua. Es desde aquí desde donde emergen las palabras que faltan en el decir del sujeto.12

Cuando el sujeto es hablado por el discurso del que es causado, y por hacerlo entre aquellas palabras que cree tener (como el cuerpo) y las que le faltan, tropieza en el equívoco. Los analistas sabemos la importancia de estos equívocos, porque en la hiancia entre lo que se quiso haber dicho y lo que se acabó diciendo es donde emerge el sujeto.

El equívoco surgido de esa vacilación es donde se sostiene lalengua: en la letra.13 Sabemos que la poesía juega con esta vacilación entre significado y significante y hace presente un uso singular de la lengua. El juego produce un efecto de sentido y un efecto de agujero: es decir, agrega vacío.14 Hace un forzamiento en el significante y da lugar a la imagen poética abriendo espacios nuevos entre lo simbólico y lo imaginario.15

La levedad del cuerpo

Si el poeta es capaz de hacer resonar el rumor, lalengua entre el juego de lo simbólico y la imagen poética abriendo nuevos espacios, queda por saber cómo repercute lo real en este espacio-cuerpo generado.

El tiempo es real. Y este real que agujerea la superficie del cuerpo afecta a su consistencia, ya que el tiempo sigue su curso.16

Es en este lugar donde el hacer del poeta puede dar cierta levedad al cuerpo transmutando los agujeros del real del tiempo por vacíos. Como dice Octavio Paz:

Certeza

Si es real la luz blanca

de esta lámpara, real

la mano que escribe, ¿son reales

los ojos que miran lo escrito?

De una palabra a la otra

lo que digo se desvanece.

Yo sé que estoy vivo

entre dos paréntesis.17

inavarrollues@gmail.com

 

Notas:

  1. Bassols, M., “Lo real del psicoanálisis”. Virtualia 25, 2012. Año XI.

  2. Ibid.

  3. Lacan, J., Consideraciones sobre la histeria. Universidad de Granada, Granada, 2013, p. 26.

  4. Lacan, J., El Seminario, libro 23, El sinthome (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 18.

  5. Miller, J-A., “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Freudiana 72, 2014, p. 13.

  6. Alberti, C., “Curtirse en un nuevo imaginario”, El Psicoanálisis 46, 2025, p. 20.

  7. Ibid., p. 15.

  8. López, R., “Imaginar lo real”, El Psicoanálisis 46, 2025, p. 25.

  9. Bassols, M., “Lo real del psicoanálisis”, Virtualia 25, 2012.

  10. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aún (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Barcelona, 2010, p.114.

  11. Lacan, J., Consideraciones sobre la histeria. Op. cit.

  12. Ibid., p. 24.

  13. Bassols, M., “Lo real del psicoanálisis”. Op. cit.

  14. Miller, J-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, Buenos Aires, 2014, p.162.

  15. Ibid., p. 113.

  16. Ibid., p. 113.

  17. Paz, O., “Días hábiles”, Obra Poética, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2014, p. 287.

 

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