El Otro de adentro
“Al hablar de la extimidad, del Otro de adentro”1, escribe Miller al dar comienzo el capítulo que titula “Racismo”, en su curso Extimidad, y plantea “el problema de la inmigración” que califica como un “hecho moderno”.
La formulación, el Otro de adentro, me ha parecido una manera excelente de dar cuenta, no sólo del fenómeno de la inmigración, sino de lo ajeno que resulta para un sujeto la relación con el Otro.
Sin embargo, no hay sujeto sin Otro, la prematuración en el nacimiento, y la llegada a un mundo hecho por significantes, hacen del parlêtre un sujeto sujetado a Otro, necesitado del Otro, inexistente sin el Otro y al mismo tiempo con una profunda ignorancia de su dependencia.
De hecho, ha sido un discurso moderno, el discurso del psicoanálisis con Lacan, quien por el momento se ha hecho cargo de dar cuenta epistémicamente de la extimidad del Otro de adentro.
El discurso de la ciencia, sin embargo, no tiene pregunta sobre el Otro. En sus definiciones cuantifica a partir del sujeto universalizado, anula las subjetividades, excluye lo particular.
El discurso de la ciencia cuantifica, por ejemplo, el nivel de vida de los habitantes del planeta. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) mide la salud y longevidad, los años esperados de escolarización y el ingreso nacional bruto per cápita, de los seres humanos. Este índice ha aumentado favorablemente, pasando del 0.67 en el año 2000, al 0.746 en 2026.
Es decir, estamos en el mejor momento, a nivel de la distribución de la riqueza global en cifras, conocido por el ser humano. Y digo, en cifras, porque el reparto en el mundo sigue siendo muy desigual, aunque haya mejorado.
Precisamente se da la paradoja de que en países que atraen la inmigración, porque ofrecen trabajo y/o mejor calidad de vida, a menudo, los recién llegados se encuentran con que no tienen los mismos derechos que los locales, reciben salarios más bajos, y están en peores condiciones de acceso al bienestar esperado.
Y continuando con el Otro de adentro en el mundo contemporáneo, Lacan “dedujo que la sexualidad pasaría del Uno fusional al Uno-todo-solo. Cada uno con su modo de goce!”2 Esta cuestión además se exacerba en la medida en que las necesidades básicas del sujeto están cubiertas. Podríamos decir que el individualismo, que el Uno-todo-solo, reina en la época de “los cuerpos adorados”.
Y estas dos cuestiones que caracterizan el momento actual –el discurso de la ciencia y el individualismo– no pueden dar cuenta de la dificultad de cada sujeto para arreglárselas con su modo de goce, su Otro de adentro.
Dice Miller en Extimidad: “La cuestión de la tolerancia o la intolerancia (del Otro) no alcanza en absoluto al sujeto de la ciencia o a los Derechos del Hombre. El asunto se ubica en otro nivel, que es el de la tolerancia o intolerancia al goce del Otro, en la medida en que es esencialmente aquel que me sustrae el mío”3.
La relación del sujeto neurótico con el goce está mediada por la castración, que es la operación que permite la puesta en marcha del deseo, deseo siempre de otra cosa. Y es la castración lo que se trata de imputar al Otro de adentro, al inmigrante, al que viene de fuera a quitar lo que uno considera propio.
El Otro de adentro y el goce del Otro, el goce supuesto del inmigrante, están sostenidos por la misma bisagra, si bien el primero es ignorado y es gozado en el cuerpo propio, el segundo se hace presente y es odiado en el cuerpo del otro. Es el racismo.
Notas:
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Miller, J.-A., Extimidad. Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 43. ↑
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Miller, J.-A., “Les prophéties de Lacan”. Lepoint, 18/08/2011. Traducción propia. ↑
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Miller, J.-A., Extimidad. Op. cit., p. 55. ↑
