Huellas de la imagen del cuerpo en el arte

La ciudad de Olimpia nos entrega restos de sus templos y las imágenes de estatuas con cuerpos idealizados. El gimnasio del siglo II a.C. (gymnos: desnudo o desnudez), en la actualidad reducido a piedras diseminadas por el camino, acogía a los muchachos que preparaban sus músculos y el control del cuerpo para iniciar los juegos. Las esculturas ofrecen un cuerpo hermoso, imágenes de la divinidad, con expresiones de placidez y serenidad. Nike Victoria de Peonio -la diosa mutilada: el tiempo le arrebató la cabeza y a pesar de ello parece ágil sublime e insuperable- representada en pleno vuelo que desciende del Olimpo, se alzaba en el Altis junto al templo de Zeus. La felicidad de la completud sin mueca. Ahora las contemplamos cercenadas, gran parte de los restos hallados se exhiben en los museos de Atenas o el Británico. A pesar de su semblante de completud, para lo que fueron construidas, están tocadas por el tránsito del tiempo provocando lo real del vacío en la mirada.

La función del psicoanálisis en relación al arte no trata de interpretar al artista a través de su obra, más bien trataría de explicar cómo el objeto de arte interpela, cuestiona al espectador. En las artes plásticas, el objeto artístico, pintura o escultura, funcionaría como aquello que captura la mirada interrogando. La obra sí interpreta la época, y el psicoanalista debe estar a la altura de la misma sirviéndose del arte para precisar los conceptos. El artista fabrica desde su singularidad y, en ocasiones, fuera de las clasificaciones, el objeto del arte. Lacan al introducir el concepto parlêtre y goce, va a innovar la noción de cuerpo. Sabemos que el lenguaje deja huellas de goce, es el lugar donde lalengua deja la marca. El concepto objeto a va a funcionar como experiencia de goce. Lacan toma de Freud las zonas erógenas oral, anal, fálica, añadiendo invocante y escópica, puntos de apertura con el exterior del cuerpo fragmentado que es aspirado por la imagen, a la vez engañosa, dando lugar al estadio del espejo. El artista siempre lleva la delantera, para el parlêtre, para el ser hablante, con lo que fabrica, con lo que inventa, va trazando el camino. “La única ventaja que un psicoanalista tiene derecho de sacar de su posición […] es la de recordar con Freud que en su materia, el artista siempre lo precede, y que no tiene por qué hacerse entonces el psicólogo allí donde el artista le abre el camino”1. A Lacan, cuando expone el estadio del espejo en el niño y apoyándose en la etología, le interesa entre otros aspectos, que la imagen tiene estatuto de un real, la imagen a la vez que da una unidad del cuerpo hasta entonces fragmentado, enmascara y da una unidad que no tenía, produciendo un efecto de real. J.-A. Miller va a referirse a la imposibilidad de identificarse totalmente con la imagen del cuerpo. El cuerpo del parlêtre contiene siempre un resto de goce que no entra en la imagen. La imagen capta la consistencia imaginaria pero no advierte de los acontecimientos de goce. La clínica nos confirma esta dificultad y en algunos casos graves estalla la relación entre la imagen y el caos al no reconocerse. De igual forma, podemos constatar que tener un cuerpo puede llegar a ser delirante, con transformaciones sin límite buscando en algunos casos corregir o buscar la marca en el cuerpo a ese dolor o sentir de la vida como la angustia, el pánico, o las llamadas fibromialgias de las que la ciencia contemporánea tiende a protocolizar y focalizar su tratamiento. El malestar actual se explica cada vez más y, en ocasiones con exclusividad, a través de los neurotransmisores y circuitos cerebrales.

Lacan formula Il y a de l’Un, introduce el concepto de rasgo unario, el Uno como existencia de una marca aislada. Los objetos a provienen de experiencias de goce, de aquello que tiene relación con el cuerpo como goce y no solo cuerpo imaginario, estos objetos son a la vez el abrochamiento, el encuentro y oposición entre imagen y organismo, entre el cuerpo como imagen y la experiencia corporal. Cuando estos objetos están ubicados en la imagen del cuerpo tienen valor fálico, cuando dejan de ser incluidos son puro real. Dentro de la imagen tienen el valor de lo bello, podríamos decir que lo bello es la barrera que construye la imagen e integra. Un cambio en la actualidad, que también podríamos añadir, es la ruptura entre el ideal de yo ( I A) y objeto a, con el yo ideal i(a). Así podemos entender el cambio que se produce pasando de amar el cuerpo que nos da consistencia, a adorarlo porque es eso exclusivamente lo dominante. ¿Soy lo que digo que soy? titula el libro M. Fernández Blanco y añade: “El relativismo postmoderno hace que ningún ideal sea consistente.[…] Los ideales ya no asedian al sujeto con sus exigencias subjetivas […] el pequeño Yo se ha fortalecido, convirtiéndose en una gran potencia”2.

Es el discurso del arte contemporáneo el que conjuntamente con el psicoanálisis revela y ayuda a explicar estos cambios. Por medio del arte se evidencia, e incluso provoca, la relación con el cuerpo. En su biografía, el artista conceptual italiano Piero Manzoni relata que su padre llegó a decirle en una ocasión con desprecio que su arte era “una mierda”. Manzoni usó esta frase como proyecto de su obra de 1961 Merda D’Artista: rellenó noventa latas con sus excrementos y los vendió a precio de oro en el mercado. M. Duchamp dio el paso decisivo hacia el arte, separando el objeto de su función práctica: una rueda de bicicleta, un urinario. Cuando se contempla la Fountain, el espectador deja de interpretar el objeto para interrogarlo. Es así como el objeto pierde el sentido para provocar un efecto. “El ascenso al cenit social del objeto llamado por mi a minúscula”3.

Algunos artistas contemporáneos anticipan este desplazamiento, abandonan esa idealización de belleza para hacer visible las huellas del goce: cuerpos fragmentados -L. Bourgeois-, intervenciones en el cuerpo -Orlan-. No buscan representar un ideal, sino poner en escena aquello que en el cuerpo hay de irreductible. El cuerpo es adorado porque es el soporte de un goce. El parlêtre tiene una relación con su cuerpo que no se agota en la imagen que de él obtiene. “La adoración de Un-cuerpo es `la raíz de lo imaginario´ […] `todo lo que pensamos estamos obligados a imaginarlo. Solo que no pensamos sin palabras´”4. La obra de Damien Hirst instalada en Devon es una estatua de unos 20 metros en la que una parte representa a una mujer embarazada, mientras que en otra parte de la escultura se muestra la anatomía interna y el feto. No es un cuerpo que represente una superficie cerrada. En algunos artistas, el cuerpo ya no sería solamente la imagen que se contempla, se idealiza o se transforma, sino el cuerpo en tanto que, más allá de su imagen, hace presente su goce.

mancho.angela@gmail.com

 

Notas:

  1. Lacan, J., ”Homenaje a Marguerite Duras por El arrobamiento de Lol V. Stein”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 211. ↑

  2. Fernández Blanco, M., ¿Soy lo que digo que soy? Psicoanálisis y civilización. RBA, Barcelona, p. 38. ↑

  3. Lacan, J., “Radiofonía”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 436. ↑

  4. Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan. Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 109. ↑

 

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