De la carne al acontecimiento

Propongo un breve recorrido que va desde la carne al acontecimiento de cuerpo, con la sustancia gozante como hilo conductor. Este trayecto me permite finalizar con la carne, protagonista actual de las artes escénicas, así como marca de la contemporaneidad. A pesar de no ser un significante habitual en la enseñanza de Lacan, la carne ordena y esclarece la compleja articulación entre el cuerpo y el lenguaje.

Partiré de la conceptualización de cuerpo que Miller propone en El inconsciente y el cuerpo hablante, así como de sus referencias a Descartes, Husserl y Merleau-Ponty. En esta conferencia, el cuerpo cambia de estatuto: Miller plantea un desplazamiento que va del cuerpo mortificado, cadaverizado por el significante y sostenido en un imaginario que unifica, a un cuerpo hablante que vehiculiza palabra y goce.

Si para Descartes la dificultad se situaba en la unión entre el cuerpo y el alma, para nosotros, psicoanalistas, el misterio se ubica en el (des)encuentro entre el cuerpo y la palabra. En sus intentos de respuesta, Lacan, en 1973, rompe con el dualismo cartesiano e introduce una tercera sustancia, la sustancia gozante. En su Sexta meditación, Descartes distingue la sustancia pensante –la no extensa, la inteligente– de la sustancia extensa –corpórea, la que no piensa, la divisible entre sus partes. Con la incorporación de la sustancia gozante el cuerpo emerge como cuerpo del goce: un cuerpo que ya no remite a la sustancia extensa y a sus partes, ni tampoco a la pensante, sino a un cuerpo, sustancia gozante, que se goza. Gozar del cuerpo, dirá Lacan, contiene un genitivo que aporta una ambigüedad significante de gran interés: por un lado, se refiere al cuerpo de uno que goza de una parte del cuerpo del Otro, pero también puede tratarse del cuerpo del Otro, que goza, o sea, “es el Otro quien goza”.1

Miller propone retomar a Husserl y a sus meditaciones cartesianas, ahí donde el filósofo distingue el cuerpo físico –körper, objeto externo, cosa, pensable, medible –del cuerpo viviente –meinenLeib, mi carne, cuerpo animado condición de nuestra experiencia–. Para Miller, Husserl entiende por carne lo que Descartes veía como la unión del alma y el cuerpo.2

Del meinenleib, mi carne de Husserl, Miller se desplaza a la carne de Merleu-Ponty en Lo Visible y lo Invisible, aquella que resuelve el dualismo cartesiano alma y cuerpo y “hace del cuerpo un alma corporeizada”.3 Lacan tomará esta noción de la fenomenología contemporánea como punto de partida para designar el objeto a como libra de carne de El Mercader de Venecia. Se trata del costo ineludible de nuestra deuda, resto que adviene del encuentro del cuerpo con el significante.

A este resto se refiere Lacan en Radiofonía, donde distingue la carne del cuerpo del siguiente modo: “Desde siempre, Menos-Uno designa el lugar que Lacan llama del Otro (con la letra O mayúscula). El lecho del Uno-en-Menos está hecho con la intrusión que avanza desde la extrusión; es el significante mismo. No le sucede así a toda carne. Solo de aquellas que el signo marca al negativizarlas, se elevan, desde este cuerpo del que se separan, las nubes, aguas superiores, de su goce, cargadas de rayos que distribuyen cuerpo y carne”.4 Así pues, la pérdida, el resto es insoslayable, y como efecto de esta cruzada, la carne marcada por el signo y el cuerpo, se separan. Sin embargo, como apunta Laurent, el cuerpo no alcanza a inscribir todo el goce. “Este permanecerá en exceso, disfuncional con respecto al cuerpo”.5 Se trata, entonces, de un cuerpo habitado por el goce y de una carne que no alcanza a metaforizarse por completo.

Con este recorrido a través de la carne, llegamos al cuerpo vivo del parlêtre: el cuerpo que goza, aquel que responde al encuentro de la sustancia gozante con el lenguaje. A ese encuentro, Lacan lo llamó acontecimiento de cuerpo. En otras palabras: el significante resuena en la carne, la marca, la rasga para que el cuerpo devenga cuerpo de goce, se goce de un modo único y singular, aquel que comandará al sujeto para siempre.

Y para finalizar: ¿qué sucede con la carne en la época actual, regida por el imperativo de mostrar todo y decir todo? Sigamos al artista que nos lleva la delantera, y encontramos, en las artes escénicas, concretamente en la danza, la carne como protagonista de la escena. El ballet clásico —que ponía el énfasis en la imagen y sus figuras— da paso a los bailarines y artistas contemporáneos que revientan la representación para regresar a lo carnal, despojado de sentido. La carne se convierte, para muchos artistas,6 en la protagonista de la escena. El velo cae y los flujos corporales, los hedores, los suspiros, las convulsiones y las exhalaciones se transforman en la materia de trabajo del artista. La carne, como lugar del sexo y de la muerte, se presenta en escena, desnuda, sin cuerpo que la recubra. Pero la desnudez de la carne ya no se restringe a los teatros. El imperativo ¡goza! la coloca en primer plano, empuja al develamiento de lo oculto y deserotiza los cuerpos. ¿Cómo hacerse un cuerpo en esta época de pregnancia de lo carnal?

magda.mataix@gmail.com

 

Notas:

  1. Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2016, p.33.

  2. Miller, J.A., “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Freudiana 72, 2014.

  3. Lacan, J., El Seminario, libro 10, La Angustia (texto establecido por Jacques-Alain Miller). Paidós, Buenos Aires, 2010, p.237.

  4. Lacan, J., “Radiofonia”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p.432.

  5. Laurent, E., El reverso de la biopolítica. Grama, Buenos Aires, 2016, p.18.

  6. Marina Abramovic, Angélica Lidell, Cía Dave St-Piere con la pieza “Un poco de ternura, ¡burdel de mierda!», o Cía La Phármaco con la pieza “Tierras raras”, entre otros artistas y compañías.

 

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